Cómo empezar con buen pie una clase de español para extranjeros: el valor de las dinámicas rompehielos

Por Juan Carlos Manzanares Triquet

01/12/2025 | https://doi.org/10.63083/lamec.2025.84.jcmt


Entrar en una clase de español como lengua extranjera (ELE) por primera vez es mucho más que iniciar una actividad académica. Es un encuentro entre culturas, edades, trayectorias y motivaciones muy diversas. En este entorno, el componente emocional tiene un peso fundamental en el aprendizaje. Lo emocional no solo capta la atención del alumnado, sino que también facilita que lo aprendido tenga sentido y permanezca en la memoria.

Estudios clásicos como los de Gardner y Lambert o Krashen ya destacaban cómo las emociones pueden impulsar o bloquear el aprendizaje de una lengua. Más recientemente, especialistas como Mora o Arnold han reforzado esta visión, subrayando la necesidad de integrar lo afectivo y lo cognitivo desde el primer día de clase.

Cuando hablamos de aulas de ELE en contextos de no inmersión lingüística (es decir, donde el español no se habla fuera del aula), esto cobra aún más relevancia. Las barreras emocionales como la vergüenza, el miedo a equivocarse o la ansiedad pueden convertirse en verdaderos obstáculos para la participación. Estos bloqueos no solo afectan al rendimiento, sino que pueden minar progresivamente la motivación del alumnado.

Por eso, crear un clima de aula seguro y acogedor desde el principio no es un lujo, sino una necesidad. ¿Cómo lograrlo? Una de las herramientas más eficaces y sencillas está al alcance de cualquier docente: las dinámicas rompehielos.

¿Qué son las dinámicas rompehielos y por qué funcionan?

Las dinámicas rompehielos son actividades breves diseñadas para romper la tensión inicial en un grupo, promover la interacción y fomentar una atmósfera positiva. Su objetivo no es solo «pasar un buen rato», sino activar emocional y socialmente al grupo para facilitar el aprendizaje posterior.

Estas dinámicas se apoyan en fundamentos teóricos sólidos. La importancia de la interacción en el aprendizaje fue subrayada por Vygotsky a través de su teoría del interaccionismo social. Por su parte, Krashen introdujo el concepto del «filtro afectivo»: cuando el alumnado está relajado y motivado, es más receptivo al input lingüístico.

Además, como recuerda Bisquerra, la inteligencia emocional y la calidad de las relaciones interpersonales tienen un impacto directo en el rendimiento. No se trata solo de aprender gramática, sino de sentirse capaz de comunicarse sin miedo.

¿Qué debe tener una buena dinámica rompehielos?

Para que una dinámica sea realmente eficaz y no cause el efecto contrario (más ansiedad o incomodidad), es fundamental tener en cuenta una serie de aspectos clave:

  • Adaptabilidad: No todas las dinámicas sirven para todos los grupos. Hay que distinguir entre estudiantes que ya se conocen y aquellos que no.
  • Diversidad de talentos: Las buenas dinámicas permiten que el alumnado se exprese a través de diferentes formas: hablar, dibujar, cantar, actuar, cooperar, razonar…
  • Desarrollo de destrezas: Aunque no sea su objetivo principal, estas actividades pueden integrar habilidades como la comprensión oral, la expresión escrita o la interacción oral.
  • Interacción social: Fomentan el contacto entre estudiantes y ayudan a crear vínculos desde el primer día.
  • Sentido del humor y juego: El componente lúdico, bien usado, relaja el ambiente y facilita la participación.
  • Movimiento: Si es posible, incluir algo de actividad física suave ayuda a romper la rigidez inicial.
  • Curiosidad: Una buena dinámica plantea un pequeño reto, genera expectativas y activa la atención.
  • Seguridad emocional: Las dinámicas no deben forzar la participación. La voluntariedad es clave. Actividades que exigen exposición directa (como hablar frente al grupo) deben manejarse con mucho cuidado.

El objetivo es claro: que el alumnado entre en estado de flow —ese momento en que se aprende disfrutando, sin notar el esfuerzo—.

Recursos y propuestas concretas para el aula de ELE

Afortunadamente, hoy en día existen numerosos recursos al alcance del profesorado para diseñar estas sesiones iniciales de forma eficaz y creativa.

Algunas publicaciones interesantes incluyen:

  • Juegos y actividades en la clase de ELE de Blanca Peña
  • Propuestas para dinamizar la clase de ELE de Dorrego, Del Hoyo y Ortega

Además, hay plataformas digitales como:

Estas páginas ofrecen bancos de actividades filtradas por niveles, edades y objetivos. También proponen fichas descargables y sugerencias para adaptar las actividades a distintos contextos culturales y tecnológicos.

Desde juegos de presentación hasta dinámicas basadas en retos creativos, pasando por propuestas de gamificación o incluso breves actividades teatrales, el abanico de opciones es muy amplio. Lo importante es elegir aquellas que conecten con el grupo específico que tienes delante.

Conclusión

Las dinámicas rompehielos no son una moda ni un simple recurso “para rellenar tiempo”. Son una herramienta pedagógica poderosa que puede marcar la diferencia entre un curso que empieza con entusiasmo y otro que arranca con tensión.

En la enseñanza del español como lengua extranjera, especialmente en contextos de no inmersión, cuidar el clima afectivo desde el primer día no es una opción, sino una necesidad. Y para ello, empezar con dinámicas bien pensadas puede ser el primer paso hacia una experiencia de aprendizaje significativa.

Integrar el juego, la sorpresa y la emoción en las primeras sesiones no solo mejora la motivación, sino que humaniza la enseñanza de idiomas.


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