La Edad Media imaginada: de la realidad histórica a la fantasía audiovisual
11/12/2025 | https://doi.org/10.63083/lamec.2025.95.gpc
En la actualidad, muchas personas conocen la historia gracias al cine y a las series de televisión. Estas producciones no solo entretienen, sino que también influyen en la forma en la que imaginamos el pasado. Así, uno de los periodos históricos que ha despertado un mayor interés en los últimos años, y que, al mismo tiempo, ha sido más distorsionado, es la Edad Media. Hablar de cine y medievo es narrar las historias de espléndidos caballeros heroicos y damas de larga cabellera peinada que evolucionan hacia un pasado oscuro y negativo con feudalismo, campesinado, pobreza, hambre, peste, etc. Ahora bien, a través de estas imágenes ¿qué Edad Media estamos viendo realmente? ¿Qué imagen del pasado nos están contando realmente?
La Edad Media como espejo del presente
Cuando hablamos de «cine medieval» ¿las películas o series buscan contar la historia con fidelidad? En la mayoría de las ocasiones, los ejemplos audiovisuales se crean para relacionar los problemas del pasado con las preocupaciones actuales: luchas de poder, tensiones sociales, cuestiones de identidad, dilemas morales, etc. Por lo tanto, la Edad Media funciona como un espacio simbólico donde proyectamos nuestras inquietudes contemporáneas, aunque habría que distinguir entre el cine histórico como espejo de la época evocada y aquel que refleja la época de su producción. Estas representaciones forman parte del «medievalismo audiovisual»: no se trata de reconstruir el pasado con precisión documental, sino de «recrear» un producto bajo la óptica de la ficción, la ideología y el espectáculo. Así pues, con una estética que mezcla lo real y lo fantástico, lo histórico y lo legendario; el cine y la televisión ofrecen una versión accesible, pero a veces estereotipada de la Edad Media.
¿Qué descubrimos cuando vemos cine medieval?
El análisis de las diferentes producciones europeas muestra la existencia de una serie de patrones repetitivos tanto a nivel visual cono narrativo. El «medievo estandarizado» tiene un código visual reconocible a través de castillos, oscuridad, caballeros, personajes legendarios, etc., que dan forma a los relatos, sin importar la veracidad de los hechos que representan. Pero más allá del aspecto visual ¾sombrío o fantasioso¾ estas obras también están cargadas de simbolismo. Por ejemplo, algunos protagonistas como Juana de Arco en Francia, el rey Arturo en Inglaterra o el Cid en España, no son solo figuras históricas, sino que además personifican los mitos nacionales y encarnan valores tales como el honor, la lealtad, la valentía o la justicia; reforzando así los relatos fundaciones de cada país.
España: historia nacional y ficción popular
Desde los últimos años en España, el interés por la historia en el cine y la televisión ha experimentado un notable aumento. Así, series como Isabel, o El Ministerio del Tiempo de RTVE han sido recibidas con una gran acogida por el público por su buena capacidad de combinar rigor histórico y entretenimiento narrativo. También han destacado otras producciones como Toledo, cruce de destinos, ambientada en el reinado de Alfonso X «el sabio» o El Cid, producida por Amazon y que reinterpreta los orígenes del célebre caballero castellano. Sin embargo, una apuesta más literaria, llega de la mano de la novela de Ildefonso Falcones y su adaptación televisiva La Catedral del mar, que nos traslada a la Barcelona del siglo XIV con la construcción de la basílica de Santa María del mar por parte del pueblo llano. En definitiva, los ejemplos españoles muestran como la historia medieval puede representarse desde diversas perspectivas, no solo desde los grandes personajes, sino también a través de las clases populares.
Francia: entre lo heroico y lo reinterpretado
Francia ha mostrado una fuerte tendencia a reinterpretar su pasado medieval con figuras heroicas como Juana de Arco. Desde las versiones más clásicas del siglo pasado a la de Luc Besson (1999) hasta las propuestas más experimentales como Jeannette (2017) que convierte la infancia de la doncella de Orleans en un musical. No obstante, otras producciones como Les rois maudits abordan conspiraciones políticas y conflictos dinásticos que refuerzan las luchas de poder en el medievo.
Por otro lado, algunas series internacionales como Knighfall, también han explorado temas como la caída de los templarios, con una clara carga simbólica y conspirativa. Incluso directores como Ridley Scott han contribuido desde el ámbito anglosajón con películas como El reino de los cielos o The Last Duel, que, aunque ambientadas en Francia, responden más a estéticas de Hollywood que a una mirada europea del cine medieval.
Inglaterra: entre el mito y la épica
Inglaterra constituye el paradigma perfecto de cómo representar el imaginario medieval de una nación. Así, personajes como Robin Hood, el rey Arturo, o los protagonistas de las novelas de Ken Follet (Los pilares de la tierra o Un mundo sin fin) han ocupado un lugar destacado en las pantallas. Estas ficciones mezclan leyenda, historia y dramatismo para construir una Edad Media envolvente y emotiva. Así nos encontramos con series como The Last Kingdom o Merlín que demuestran cómo la versatilidad del medievo inglés puede ir desde la reconstrucción histórica hasta la fantasía juvenil. Además, en la mayoría de los casos, la narrativa audiovisual inglesa gira en torno a la construcción de una fuerte identidad nacional continuamente en conflicto entre sajones y vikingos, nobles y campesinos, o cristianos y paganos.
¿Historia o espectáculo?
Uno de los grandes dilemas de los ejemplos «medievales» del cine y la televisión es el equilibrio entre la fidelidad histórica y el entretenimiento. Por lo general, las obras optan por una versión espectacular del pasado que sacrifica la precisión a cambio de emoción. Así, aunque esto ha generado críticas desde la academia, hay quienes consideran que estas representaciones acercan el pasado al gran público, puesto que tienen un valor educativo y cultural: despiertan la curiosidad y el interés por la historia y permiten entender cómo cada sociedad se relaciona con su pasado.
Una Edad Media moldeada por el presente
En definitiva, las representaciones audiovisuales del medievo no solo hablan del pasado, sino también del presente. Las historias sobre guerras, epidemias, religión y conflictos sociales evocan las preocupaciones actuales. Y por eso funcionan: porque ofrecen al espectador una forma de ver su mundo reflejado en otro tiempo, a través de una especie de «espejo medieval».
Por eso, y aunque muchas veces sea inexacta, la Edad Media en el cine y la televisión sigue siendo un espacio cultural relevante en el que se mezclan historia, fantasía y las identidades nacionales. En definitiva, el medievo que se representa en la pantalla no es una visión histórica del pasado, sino más bien una recreación imaginada que actúa como una narrativa viva en constante diálogo con el presente.
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