La inteligencia artificial y la construcción de nuevos imaginarios visuales

Por Rocío Martín Díaz

20/10/2026 | https://doi.org/10.63083/lamec.2026.31.rmd

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La incorporación de la inteligencia artificial generativa ha supuesto una de las transformaciones más significativas de la cultura visual contemporánea.

En apenas unos años, herramientas como Midjourney, DALL·E o Adobe Firefly han popularizado la generación de imágenes mediante texto y han extendido su uso al ámbito profesional y cotidiano. Lo que comenzó como una novedad tecnológica se ha integrado rápidamente en todas las disciplinas, incluida la creación artística.

En el ámbito de las Bellas Artes, estos sistemas ya ocupan un lugar relevante dentro de las metodologías de trabajo. Ya no se limitan a generar imágenes, sino que participan en todas las fases del proceso de creación artística.  Todo ello invita a reflexionar sobre cómo estas tecnologías están modificando la cultura visual contemporánea y cuál es el papel que continúa desempeñando el artista dentro de estos procesos.

La inteligencia artificial como herramienta de investigación

En la investigación artística, estas herramientas no sustituyen el proceso creativo, sino que modifican la forma en la que el artista construye y pone a prueba sus hipótesis visuales. La producción de imágenes deja de ser únicamente un resultado para convertirse en una herramienta de pensamiento durante el proceso creativo.

Las herramientas generativas permiten visualizar ideas, explorar soluciones formales y ensayar composiciones que antes requerían largos periodos de tiempo. Esta capacidad resulta especialmente útil durante las fases iniciales del proyecto.

Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial funciona como un espacio de experimentación. Su principal aportación consiste en acelerar procesos de búsqueda que el artista analiza, modifica o descarta posteriormente. Como sostiene Henk Borgdorff, la investigación artística genera conocimiento mediante la propia práctica, integrando creación y reflexión en un mismo proceso. Por ello, la decisión final continúa dependiendo de una mirada crítica capaz de valorar cada propuesta generada.

La construcción de nuevos imaginarios visuales

Uno de los aspectos más relevantes de estas tecnologías es su influencia sobre la construcción de imaginarios visuales contemporáneos. Las imágenes generadas mediante estos sistemas no aparecen de forma aislada, sino que proceden del entrenamiento de modelos alimentados con millones de imágenes preexistentes.

En The Language of New Media, Lev Manovich analiza cómo la cultura digital transforma los modos de producir, organizar y consumir imágenes, una perspectiva útil para comprender el impacto de la inteligencia artificial en la construcción de nuevos imaginarios visuales.

Este fenómeno va más allá de la producción de imágenes, ya que condiciona los referentes visuales con los que pensamos y creamos. Por una parte, facilita el acceso a un amplio repertorio de referencias visuales; por otra, favorece la repetición de determinadas tendencias formales incluso entre usuarios con prompts diferentes.

La rapidez con la que estas imágenes se generan y difunden consolida nuevos imaginarios colectivos. Muchas de las representaciones que circulan actualmente en redes sociales o plataformas digitales comparten características estéticas muy similares. De este modo, la inteligencia artificial no solo responde a la cultura visual existente, sino que comienza también a participar activamente en su transformación.

Entre la creatividad y la estandarización

La incorporación de este avance tecnológico, abre numerosas posibilidades creativas, aunque también plantea ciertos riesgos.

La facilidad para obtener imágenes de gran calidad favorece la experimentación, pero también puede conducir a cierta homogeneización estética. Cuando numerosos usuarios emplean herramientas entrenadas con conjuntos de datos similares, aumenta la probabilidad de obtener soluciones visuales próximas entre sí. La diversidad aparente puede ocultar patrones comunes relacionados con la composición, la iluminación o el tratamiento del color.

Precisamente por ello, el verdadero interés de estas herramientas no reside en la imagen final, sino en su capacidad para ampliar los procesos de experimentación propios de la práctica artística. Estos sistemas ofrecen nuevas posibilidades de experimentación, pero continúa siendo el artista quien decide cuáles poseen sentido.

En consecuencia, la creatividad continúa vinculada a la interpretación y a la toma de decisiones. Todo ello amplía el campo de posibilidades, pero no sustituye ni la experiencia, ni el conocimiento que aporta el investigador artístico.

El papel del artista en la era de la inteligencia artificial

La aparición de estas herramientas ha reactivado debates tradicionales relacionados con la autoría, la originalidad y la creación artística. Si una imagen puede generarse en apenas unos segundos, resulta inevitable preguntarse dónde reside realmente el acto creativo.

En la investigación artística, el valor de una obra no depende exclusivamente de la imagen obtenida, sino del proceso que la sustenta, de las preguntas que plantea y del contexto conceptual en el que se desarrolla. La inteligencia artificial puede intervenir en la producción visual, pero continúa siendo el investigador quien define los objetivos, interpreta los resultados y establece el sentido de la propuesta. Como plantea Arthur C. Danto, una obra de arte requiere un marco interpretativo que permita comprender su significado más allá de sus propiedades visibles. Esta situación desplaza la atención desde la ejecución técnica hacia la ideación de la obra, donde la formulación de preguntas y la capacidad crítica adquieren una importancia creciente.

Conclusiones

Estas herramientas representan una transformación profunda en la investigación artística contemporánea al ampliar las posibilidades de experimentación y producción visual. La facilidad de producción puede favorecer la repetición de modelos estéticos y conceptuales, haciendo más necesaria que nunca la intervención crítica del artista. En este escenario, el criterio del investigador adquiere más importancia que nunca, ya que seleccionar imágenes con verdadero valor conceptual continúa siendo una tarea esencialmente humana.

La inteligencia artificial no marca el final de la creación artística, sino el comienzo de una nueva forma de investigar mediante imágenes. El reto ya no consiste únicamente en producir representaciones cada vez más complejas, sino en desarrollar una mirada crítica capaz de comprender cómo esas imágenes condicionan nuestra manera de pensar, recordar e imaginar el mundo. Más que una tecnología destinada a reemplazar al artista, la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para comprender cómo se construye el conocimiento a través de las imágenes.


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