Desinformación de género 3.0: deepfakes, IA y el laboratorio viral de la Met Gala
12/11/2025 | https://doi.org/10.63083/lamec.2025.70.prr
La Met Gala es, quizá, el evento internacional de moda más fotografiado y seguido del planeta. Lo que antes era una explosión de creatividad sobre una alfombra roja, ahora también se ha transformado en un espectáculo de engaños digitales, celebridades fantasmas y looks imposibles, gracias al poder de la inteligencia artificial. El verdadero problema no es exclusivamente técnico o divertido: detrás de los memes y las imágenes virales, los deepfakes ponen sobre la mesa un nuevo frente de desinformación y violencia, especialmente contra mujeres influyentes y creativas.
Este artículo es fruto del trabajo desarrollado en el marco del Proyecto I+D del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, titulado “La Manosfera en las Redes Sociales. Produsage cultural para revertir los estigmas de género y la cultura del odio” (PID2022-141877NB-I00), que busca analizar y aportar soluciones frente a la cultura del odio y los estigmas de género en los entornos digitales.
De la pasarela al fake: cómo la IA reinventa la Met Gala
En los últimos años, hemos pasado de los rumores sobre el “mejor vestido” o “la gran ausente” a la era en que la IA puede crear versiones hiperrealistas de cualquier estrella en la alfombra roja, aunque nunca haya puesto un pie en el evento. El caso de Katy Perry en la Met Gala 2024 fue paradigmático: la cantante recibió mensajes de felicitación tras aparecer espectacular en imágenes que dieron la vuelta al mundo… Pero todo era falso; ella ni siquiera viajó a Nueva York ese año. Imágenes similares mostraron a Rihanna, Lady Gaga, Dua Lipa, Selena Gómez o SZA, luciendo atuendos imaginarios en ediciones recientes, confundiendo, incluso, a periodistas especializados y millones de seguidores.
Estas creaciones hiperrealistas distorsionan la percepción pública y transforman lo viral en un arma poderosa. Las redes sociales, con sus algoritmos que premian lo inesperado y polémico, contribuyen a amplificar el alcance de estas imágenes y a debilitar la frontera entre realidad y ficción. Como muestran los análisis de la última década, la circulación de estos deepfakes se vuelve cada vez más rápida y difícil de rastrear, especialmente en plataformas como Instagram, TikTok o X (antes Twitter).
Mujeres en el objetivo: deepfakes, género y odio digital
Los datos son contundentes: más del 80% de los deepfakes en torno a la Met Gala imitan o sexualizan imágenes de figuras femeninas. Grupos antifeministas y comunidades conocidas como la “manosfera” aprovechan la viralidad de estos contenidos para difundir rumores y burlas, ridiculizando a las mujeres más visibles del mundo de la moda y el espectáculo. El impacto resulta doblemente dañino: por un lado, refuerza los estereotipos de frivolidad y espectáculo asociados históricamente a la mujer en la cultura pop; por otro, utiliza la violencia simbólica digital como una forma rápida de acallar, desacreditar o humillar a quienes destacan en espacios públicos.
A esto se suma una alarmante falta de herramientas legales y sociales para proteger a las víctimas. Únicamente, un tercio de los países cuenta con normativas específicas sobre deepfakes y desinformación de género. En Estados Unidos, la reciente ley “Take It Down Act” obliga a eliminar en 48 horas cualquier vídeo íntimo falso subido sin consentimiento; mientras que en la Unión Europea, el nuevo reglamento de IA exige que todo contenido sintético esté claramente marcado. Aun así, las brechas para la reparación y la prevención siguen siendo enormes.
Este contexto alimenta la cultura del miedo y la autocensura: las víctimas deben desmentir que estuvieron en la gala y lidiar con la confusión, el escepticismo o el acoso online. Muchas mujeres optan por rebajar su exposición mediática, limitando su participación en redes o renegociando contratos de imagen por miedo a sufrir estos ataques.
Hacia una moda sin espejismos: alfabetización y resistencia en redes
No todo es distopía digital. En los últimos años, han surgido estrategias de resistencia colectiva: comunidades de fans y activistas se han movilizado para desmentir bulos, etiquetar deepfakes y apoyar públicamente a las afectadas. El papel de la alfabetización mediática se revela esencial: detectar patrones de falsificación, saber cómo y dónde denunciar, y aprender a no compartir fotos dudosas sin verificar la fuente son acciones sencillas, que pueden frenar la expansión de estos engaños visuales.
Las propuestas de investigadores en comunicación apuntan a tres frentes: educación crítica (para que la ciudadanía detecte y cuestione imágenes sospechosas), auditoría de plataformas (obligando a los grandes portales a mejorar sus software de detección y acelerar la retirada de contenido dañino) y regulación internacional (para armonizar las respuestas legales y evitar los vacíos de jurisdicción).
Las propias protagonistas también están cambiando la narrativa: algunas, como Katy Perry, han optado por reírse de los fakes y emplearlos para visibilizar el problema; otras colaboran con movimientos educativos para alertar sobre los riesgos de la IA cuando se utiliza de forma sexista o antisocial. El objetivo es devolver a la Met Gala, y al resto de eventos culturales, su función colectiva y creativa, evitando que se conviertan en laboratorios de manipulación y odio digital.
La tecnología seguirá avanzando, aunque el reto es colectivo: solamente una respuesta equilibrada entre formación, tecnología y regulación nos permitirá disfrutar de la fantasía y la moda sin caer en trampas visuales que reproducen, bajo nuevas formas, el machismo y la desinformación. La próxima vez que veas una imagen viral de la Met Gala, tómate unos segundos antes de compartirla. ¿Es real o es un espejismo digital hecho a medida del viejo machismo tecnológico?
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